Documento Estratégico
RESUMEN EJECUTIVO
Las instituciones de investigación agrícola
de los países del Cono Sur (incluido Bolivia) han desarrollado actividades
de cooperación recíproca durante más de treinta años. En este proceso
ha tenido una participación decisiva el Programa Cooperativo para el
Desarrollo Tecnológico Agropecuario del Cono Sur (Procisur), en cuyo
gobierno y ejecución han intervenido los Institutos Nacionales de Investigación
Agropecuaria (INIAs) de los seis países involucrados, conjuntamente
con el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA),
habiendo contado con el apoyo continuo del Banco Interamericano de Desarrollo
(BID).
El próximo vencimiento del Convenio y la voluntad
expresada por los países y el IICA de iniciar una nueva etapa a partir
de 2001, plantean la necesidad de definir los lineamientos estratégicos
para esta nueva fase. Este es el objetivo al que apunta el presente
documento.
Tanto la economía como la agricultura de la
región han experimentado profundos cambios, que a su vez generaron la
oportunidad y necesidad de replantear los objetivos y estrategias de
las actividades de cooperación, lo que se percibe a través de las diferentes
etapas que ha recorrido el desarrollo del Procisur.
La primera etapa (1980-92) fue consistente con
un entorno de economías cerradas. En este contexto, la misión fundamental
de la generación de tecnología agrícola, casi monopolizada por los INIAs,
fue el aumento de la productividad a nivel de rubros y sistemas de producción
predominantes, concibiéndose el rol de la cooperación como la apertura
de canales de comunicación que permitieran el establecimiento de vínculos
y tráficos de información tendientes a fortalecer la acción a nivel
nacional. Consecuentemente, el Procisur basó su desarrollo en actividades
de intercambio y cooperación recíproca, de tipo horizontal. La disponibilidad
de financiamiento y la simplicidad de la estrategia hicieron exitosa
esta etapa del Programa.
A partir de la liberalización del comercio que
caracterizó a las economías de la región a comienzos de los 90, la constitución
del Mercosur y la reducción de la intervención estatal en los mercados,
se hicieron evidentes algunos factores que cuestionaron la estrategia
de los INIAs y, como consecuencia, también la del Procisur. Entre estos
debe mencionarse la necesidad de competir internacionalmente, la importancia
del concepto de cadenas agroalimentarias para la competitividad y la
necesidad de involucrar nuevos actores en el proceso de innovación.
Enfrentado a estos cambios en su entorno, en
una segunda etapa (1993-96), el Procisur se planteó el desarrollo de
capacidades mínimas para garantizar el acceso de los países al progreso
técnico. Con ese motivo creó cinco áreas estratégicas disciplinarias
y otros tantos subprogramas (recursos genéticos, biotecnología, recursos
naturales y sostenibilidad agrícola, agroindustria y desarrollo institucional)
que no variaron sustancialmente las formas de intervención y constituyen
hasta el presente la organización básica del Programa.
Se trata de un período de cambio fundamental
frente a la ocurrencia de impactos externos donde las respuestas parciales
de las áreas disciplinarias difícilmente podían satisfacer las necesidades
de los INIAs. Mientras que la globalización requería que estos se integraran
en sistemas ampliados, capaces de abarcar toda la cadena y desarrollar
una visión más orientada por la demanda de tecnología, Procisur continuó
trabajando con énfasis en la oferta, dado el retraso en la creación
del área de agroindustrias que posibilitaba la articulación a los mercados.
En esta etapa de transición las actividades de intercambio y capacitación
recíproca, entraron en una fase de retornos decrecientes para los INIAs,
siendo clara la necesidad de definir una nueva estrategia integradora,
que diera respuesta a las demandas que afrontaban los Institutos.
A fines de 1996 era evidente para el Procisur
que el Sistema Agroalimentario del Mercosur (SAA) requería de un aporte
fundamental de innovación tecnológica para competir en la economía mundial.
Predominó entonces la idea de que los subprogramas estaban sólo parcialmente
en condiciones de atender las necesidades de cooperación, siendo necesario
encarar integradamente los problemas más relevantes a nivel de la región,
por encima de la perspectiva estrictamente disciplinaria.
En base a ello y con la visión de comenzar a
transitar el camino de la integración tecnológica, el Procisur inicia
una tercera etapa donde tiene lugar un cambio cualitativo de indudable
significación. El Programa transfiere el foco de su atención desde las
necesidades de cooperación entre INIAs, su objetivo original, hacia
las necesidades de innovación tecnológica que el SAA del Mercosur ampliado
requiere para enfrentar las exigencias de la competitividad. Este abordaje,
que representa una visión conjunta de la región y sus necesidades de
integración tecnológica, tiene en el Proyecto Global su principal instrumento.
El esfuerzo de este último período constituye el más importante intento
de revisar la estrategia planteada en los comienzos del Programa, que
a través del tiempo ha dado signos de agotamiento.
A partir de las transformaciones ocurridas desde
principios de los años 90, fundamentalmente a raíz de la apertura comercial
y la constitución del Mercosur, ha ido cobrando cada vez mayor importancia
el ámbito regional como espacio económico. Tanto a nivel del comercio
minorista como a nivel de agroindustrias se observa una marcada presencia
de actores transnacionales cuya estrategia apunta a competir en el mercado
regional. Los flujos de comercio dentro del bloque han aumentado considerablemente
y aparecen zonas y países especializados en la exportación de alimentos
hacia los mayores mercados demandantes del Mercosur.
Al mismo tiempo se observa un extraordinario
aumento de las exportaciones de agroalimentos desde la región hacia
el resto del mundo, con tasas de crecimiento de éstas muy superiores
a las registradas en la década anterior. Las cadenas agroindustriales
exportadoras tienen básicamente carácter nacional. Sin embargo es evidente,
tal como ha ocurrido en otros casos de integración, que comienzan a
desarrollarse emprendimientos de carácter regional, cuyo objetivo fundamental
es competir afuera de la región, tal como ocurre en el caso de productos
cárnicos, cerealeros, forestales, lácteos y vitícolas. El despliegue
de inversiones y logística trasciende las fronteras de los países en
la búsqueda de la eficiencia que otorgan tanto a la escala como otros
factores de producción, aunque en el largo plazo, la competitividad
externa de los sistemas regionales agroalimentarios que están en vías
de consolidarse, dependerá en gran medida de su capacidad de innovación,
factor decisivo para enfrentar la competencia con otros proveedores
a nivel internacional. La demanda de nuevas tecnologías para sostener
la competitividad será cada vez mayor, lo que genera fuertes presiones
a los organismos y sistemas nacionales de innovación, que deben encontrar
en la cooperación regional un elemento capaz de mejorar y potenciar
sus propias capacidades individuales. El camino de la integración tecnológica
en el sector agroalimentario es tan necesario para el Mercosur en la
actualidad, como lo fue para Europa hace pocos años en materia de alta
tecnología industrial.
La formación de mercados comunes y la integración
regional, al promover cambios en las estrategias competitivas de los
sistemas agroalimentario y agroindustrial, implican también modificaciones
en la forma en que se organizan y ejecutan las actividades de ciencia,
tecnología e innovación. Este contexto apunta a la búsqueda de economías
de escala y de scope (de alcance), que, en términos prácticos, significa
saber articularse con los actores involucrados en la innovación. Para
el ámbito regional, esta es, verdaderamente, una oportunidad que se
abre. La perspectiva de trabajar para la competitividad de mercados
regionalizados destaca la necesidad y la oportunidad de coordinar actividades
de innovación tecnológica. Programas cooperativos de ciencia, tecnología
e innovación son iniciativas naturales (casi obvias) de la formación
de espacios económicos comunes. Ser capaz de monitorear y de encontrar
espacios tecnológicos comunes, así como de coordinarlos, es parte esencial
de la construcción de ventajas competitivas.
Considerar el papel de la ciencia y tecnología
como estratégico en el proceso competitivo significa articular formas
más eficientes y efectivas de hacer investigación y desarrollo. La necesidad
de aprovechar economías de escala en I&D, dividir riesgos y explorar
la complementariedad de activos lleva a la formación de múltiples formas
de cooperación, configurando redes para desarrollar y explorar conocimiento.
Las formas más recientes de organización de
la investigación y del desarrollo destacan la existencia de una mayor
conexión entre ciencia, tecnología y sus aplicaciones productivas (su
efectiva adopción por los mercados o por los usuarios). Tal visión permite
que el estudio de la agricultura sea conducido por la concepción de
cadenas productivas (o de complejos agroindustriales), que buscan examinar
exactamente las especificidades de los mercados agrícolas. El estudio
de las cadenas productivas puede y debe ser complementado por el análisis
de las cadenas innovativas a ellas asociadas. Es con la comprensión
de las cadenas innovativas que se puede aprender, en toda su extensión,
los agentes involucrados, sus relaciones y sus papeles en la generación
y difusión de conocimiento dentro de los procesos productivos agrícolas
y agroindustriales.
Con esta perspectiva, se refuerza el papel de
una organización que promueve la cooperación tecnológica, como es el
caso del Procisur, especialmente para identificar y promover la interacción
de los actores y de sus competencias esenciales en las principales etapas
del proceso de innovación, contribuir a la captación de recursos financieros
y organizar una red de apoyo a la innovación, siendo necesario considerar
cuatro dimensiones claves. Primero, monitoreo y aprovechamiento de oportunidades
para el desarrollo de la investigación cooperativa. Segundo, conocimiento
de la amplitud de los actores involucrados, sus papeles, así como de
los instrumentos de coordinación. Tercero, conocimiento sobre las dinámicas
sectoriales y disciplinarias involucradas en los programas y proyectos
de investigación. Cuarto, conocimiento sobre fuentes y mecanismos de
financiamiento.
El Procisur posee una serie de fortalezas para
liderar el proceso de construcción de un sistema regional de innovación.
Entre ellas deben citarse la experiencia desarrollada a través de veinte
años de trabajo a nivel de la región, la presencia de los seis INIAs
y el IICA en su gobierno, el reconocimiento que el modelo institucional
posee por parte de las instituciones internacionales con que ha colaborado
durante este período, el financiamiento aportado por los socios, y una
importante experiencia en captación de recursos externos a través de
proyectos.
En los últimos años, el Procisur ha logrado
un cambio organizacional que promueve una mejor adecuación de su papel
a las formas más modernas de articulación de programas regionales cooperativos,
enfatizando el análisis prospectivo; la priorización de proyectos multidisciplinarios
e interinstitucionales; ampliación de contactos con actores públicos
y privados; mapeo inicial de redes de innovación; diversificación de
las fuentes de financiamiento; tratamiento de temas fundamentales para
la promoción de la innovación; establecimiento de prioridades ligadas
a la competitividad del Mercosur ampliado, persiguiendo sustentabilidad
e inclusión social; y la creación de las bases para integrar el sistema
de CyT agroalimentaria y agroindustrial subregional, a través del Proyecto
Global.
Por otro lado, aparecen como debilidades la
carencia de un mandato político explícito para liderar la apertura del
modelo en la mayoría de los INIAs y la falta de experiencia en tecnologías
de procesamiento, comercialización y distribución.
Desde el punto de vista organizacional, el Procisur
está conviviendo con dos instrumentos de intervención: el fondo común,
orientado por tres grandes temas (competitividad, sostenibilidad y equidad)
y los subprogramas. Considerando que estos dos instrumentos están interactuando,
su conviviencia, a mediano y largo plazo, puede engendrar conflictos
estratégicos, más allá de inhibir la implementación de una organización
más ágil para la definición de prioridades. La principal cuestión organizacional
que el Procisur debe enfrentar en el futuro próximo es la de redefinir
el papel de los subprogramas y hacer efectiva una instancia de reflexión
sobre cómo priorizar actividades.
Otra cuestión importante para el nuevo convenio
del Procisur es la efectiva incorporación de nuevos actores en sus actividades.
En los últimos dos años el Procisur ha realizado esfuerzos en esta dirección.
Por un lado, los subprogramas han acudido a especialistas y actores
externos. Por otro lado, el Proyecto Global condujo paneles participativos
para diversas cadenas productivas de importancia económica en la región
y para los temas de sustentabilidad ambiental y de equidad social. Así,
Procisur se encuentra ahora con la tarea de instituir mecanismos sistemáticos
para internalizar la participación de nuevos actores (de oferta y de
demanda) en sus estrategias de intervención.
No obstante, en términos prácticos, la estrategia
de cooperación aún necesita focalizar los proyectos de investigación
con vistas a la innovación e identificar las competencias complementarias
e incorporarlas para provecho de todos.
Otro punto a destacar es la necesidad de implantación
sistemática de mecanismos de identificación de oportunidades. Aunque
el Proyecto Global ha dado inicio a esa actividad, el Procisur, en el
nuevo convenio, debe preocuparse de volverla una actividad permanente,
dado que esta es una de las características actualmente más importante
de los programas cooperativos en todo el mundo.
Finalmente, es necesario que el Procisur desarrolle
instrumentos sistemáticos de evaluación de sus actividades, a fin de
crear una referencia de eficiencia para si mismo y para sus socios.
Paralelamente y de acuerdo a la información
provista por los propios INIAs, es necesario tener en cuenta que, en
el pasado, las contribuciones del Procisur se limitaron en líneas generales
a grupos de técnicos vinculados directamente a los subprogramas, siendo
necesario a futuro realizar un esfuerzo para difundir mejor los resultados
al interior de las instituciones. Esta misma limitación se observa con
respecto al IICA, lo que sugiere la necesidad de mejorar los mecanismos
de coordinación entre el Procisur y los proyectos regionales y demás
actividades que desarrollan las oficinas del Instituto en los países.
Procisur ha ido adaptando sus acciones y formas
de intervención en función de los cambios que se han operado en la agricultura
de los países del Mercosur ampliado. La magnitud de las transformaciones
ocurridas durante la última década hace necesario definir una nueva
estrategia como objetivo de largo plazo en la construcción de un sistema
regional de innovación agroalimentaria. El modelo propuesto a continuación
apunta en esa dirección.
El Modelo Futuro
La síntesis del nuevo modelo, incluye la visión,
la misión, objetivos, estrategias y organización.
Visión
Ser un activo protagonista en el proceso de
innovación regional, para fortalecer la integración del sistema agroalimentario
del Mercosur ampliado y facilitar su inserción competitiva en la economía
mundial.
Misión institucional
Promover la cooperación entre los INIAs y demás
actores involucrados en el proceso de innovación, tendiente a la organización
de un sistema regional que fortalezca la competitividad, la sustentabilidad
y la inclusión social en el sistema agroalimentario del Mercosur ampliado.
Objetivos
General
Contribuir a la construcción de un sistema regional
de innovación con estructura flexible y muy focalizado en la generación
de conocimientos y tecnologías para atender la demanda del sistema agroalimentario
regional, mediante el desarrollo de proyectos cooperativos.
Específicos
a) Relevar y analizar información prospectiva
sobre tecnologías, mercados e integración, para determinar sus implicancias
en las necesidades de innovación a nivel regional.
b) Identificar prioridades en materia de
innovación tecnológica a nivel de las cadenas productivas del SAA
regional, con vistas a su competitividad internacional, sostenibilidad
e inclusión social.
c) Identificar los actores cuya participación
sea necesaria para resolver los problemas tecnológicos prioritarios.
d) Articular y coordinar la participación
de los diversos actores a través de la organización de proyectos cooperativos.
e) Procurar financiamiento interno y externo
para la ejecución de proyectos.
f) Facilitar la ejecución, realizar el seguimiento
y evaluación de los proyectos.
g) Difundir la información y conocimientos
generados por el Programa e interactuar con los actores de los sistemas
de innovación a través de los medios más modernos de comunicación.
Directrices estratégicas
Una primera definición general de la estrategia
del Procisur en el nuevo convenio es que la ejecución de los objetivos
antes propuestos deberá ser realizada en conjunto con los INIAs, siendo
fundamental ampliar la participación del IICA.
En términos específicos, son seis las principales
directrices estratégicas del Procisur en el nuevo convenio:
a) Generación de pensamiento estratégico.
b) Formación de redes y sistemas para la
innovación.
c) Cooperación ampliada con la participación
de actores de la oferta y de la demanda de innovación.
d) Monitoreo y generación de información.
e) Desarrollo de una sistemática para la
priorización de problemas y proyectos.
f) Evaluación de los impactos del Procisur
a nivel económico, social, ambiental y de creación de competencias.
g) Promoción y marketing institucional.
Planificación y formas de intervención
Para dar continuidad al proceso de levantamiento
ampliado de oferta y demanda de oportunidades de proyectos cooperativos
iniciado por el Proyecto Global, se propone que en el próximo convenio
el Procisur organice sus acciones a partir de la perspectiva de agente
facilitador y articulador de oportunidades de innovación.
De esta forma, el Procisur pasaría a organizarse
según tres actividades principales: a) levantamiento de oportunidades
en la región; b) articulación de proyectos; y c) servicios de apoyo
a la innovación, siendo importante la integración a la Secretaría Ejecutiva
de especialistas encargados de cada una de estas áreas. Más que como
una instancia ejecutora de proyectos, el Procisur actuaría como articulador
de proyectos cooperativos, contribuyendo a estructurar un sistema regional
de innovación agroalimentaria.
La transición hacia el nuevo Convenio
A partir del nuevo Convenio y al inicio de actividades
en 2001, Procisur debe comenzar una transición gradual de manera de
capitalizar los resultados de la etapa anterior y de dar seguimiento
a las acciones en ejecución.
Las primeras acciones deberán contemplar:
a) El seguimiento de los proyectos en ejecución
y el cumplimiento de los compromisos asumidos por Procisur con terceras
instituciones.
b) El ajuste y adecuación de la actual cartera
de proyectos para el proceso de priorización.
c) La preparación de una pauta preliminar
de oportunidades para el desarrollo de nuevos proyectos cooperativos
de investigación, a partir de los resultados del Proyecto Global.
En el correr del segundo trimestre de 2001 y
en base a la información reunida en los puntos (b) y (c), la Comisión
Directiva definirá las prioridades estratégicas para el nuevo Convenio,
a partir de las cuales comenzará la etapa de planificación e implementación
de proyectos plataforma y de nuevos proyectos en general.
En base a las decisiones adoptadas por la Comisión
Directiva se preparará un Plan (estratégico) de Mediano Plazo para un
período de 3 a 5 años y el Plan Operativo Anual para el primer año de
ejecución.
Organización
Para asegurar el cumplimiento de su misión y
objetivos el Procisur contará con una estructura básica de organización
compuesta por la Comisión Directiva, la Secretaría Ejecutiva y un Comité
de Articulación Institucional.
La Comisión Directiva estará integrada por los
representantes de cada INIA del Cono Sur y del Centro Regional Sur del
IICA. El nuevo Convenio establecerá las condiciones que habiliten la
incorporación al cuerpo directivo de nuevos socios provenientes de sectores
representativos del sistema agroalimentario regional. Corresponderá
a la Comisión Directiva vigilar el cumplimiento de la misión y objetivos,
priorizar las acciones, supervisar y evaluar la marcha del Programa.
Para asegurar el mejor desempeño de sus funciones
el Procisur contará con un Comité de Articulación Institucional integrado
por un representante de cada miembro que compone la Comisión Directiva.
Los integrantes de este Comité serán los canales institucionales que,
a través de los mecanismos más apropiados, legitimarán, organizarán
y viabilizarán las acciones comprometidas por cada organismo dentro
del plan de acción del Procisur, brindando apoyo directo a la Secretaría
Ejecutiva.
La Secretaría Ejecutiva responderá a la Comisión
Directiva y será responsable de la gestión general y administración
del Programa. Estará ubicada en la Sede del Procisur, siendo integrada
por el siguiente equipo de trabajo:
• Secretario Ejecutivo
• Equipo de apoyo técnico y administrativo
La estrategia planteada en este documento considera
al desarrollo de Proyectos Cooperativos de carácter regional como el
instrumento fundamental para promover la formación de redes y contribuir
a la consolidación de un sistema regional de innovación. En este sentido
el Procisur asume el rol de facilitador y articulador de Proyectos Cooperativos,
para cuya ejecución se hace necesario realizar una serie de actividades
principales entre las que se destacan la realización de acciones de
prospección tecnológica, levantamiento de oportunidades y priorización,
articulación de capacidades institucionales necesarias para el desarrollo
de los Proyectos, provisión de servicio de apoyo para la innovación
y desarrollo de actividades complementarias de intercambio y cooperación
recíproca.
La ejecución de estas actividades admite diferentes
alternativas organizacionales, que incluyen tanto la formación de un
equipo técnico a nivel de la Secretaría Ejecutiva, integrado por profesionales
responsables de las respectivas actividades principales, como un esquema
más flexible que utilice la contratación de servicios de terceros para
el desarrollo de las actividades previstas. Razones de oportunidad y
presupuestales hacen conveniente que se inicie la nueva etapa del Procisur
con una organización flexible, sin la contratación de especialistas
de carácter permanente.
De esta manera, el Procisur iniciaría la implementación
de sus funciones contratando servicios temporarios para el levantamiento
de oportunidades, para la articulación de proyectos y para la creación
y disponibilidad de servicios. Sería, por tanto, una alternativa de
tercerización de servicios (contratada con los INIAs u otras organizaciones
y consultores independientes). De esta forma se daría inicio a la implementación
de la propuesta, especialmente respecto a la definición de metodologías
y al establecimiento de instrumentos de ejecución en las tres funciones
esenciales definidas por el Procisur.